Actualmente comienza a verse muy claramente la línea entre el mercado de la empleabilidad y el mundo de los entrepreneurs (emprendedores).
La gran mayoría pertenecen al primero de ellos y, probablemente, será el escenario en el cual la mayoría de los profesionales se desarrollen durante su vida laboral.
Podemos llamar empleabilidad:
- Al potencial que tiene determinado individuo (perfil profesional) en ser solicitado y deseado por la empresa.
- A la capacidad de determinado individuo de obtener la máxima rentabilidad de su perfil.
En todo caso, es el individuo el primer interesado en su empleabilidad, y para trabajar sobre ella ha de cuidar tres cosas:
- Conocerse
- Formarse
- Venderse
Cualquiera de estos tres factores sin los otros dos implica una empleabilidad defectuosa.
El beneficio que esta persona saca de cuidar su empleabilidad es mantener sus opciones en un mercado laboral altamente competitivo y mejorar su ajuste profesional y sus opciones de promoción y desarrollo dentro de su empresa.
El profesional no se puede quedar parado en ningún momento porque el mercado se mueve y él se tiene que mover con él.
La empresa también ha de trabajar esa empleabilidad, no sólo con la formación (que se considera como el protagonista de la empleabilidad) sino también:
- Fomentando estilos de trabajo participativos, la autonomía, la creatividad, la iniciativa, etc.
- Motivando al profesional, ¿cómo?, bueno, desde recompensas informales hasta supervisiones racionales, enriquecimiento de tareas, delegación progresiva, etc.
- Facilitando las relaciones internas, el trabajo en equipo.
El compromiso sobre la empleabilidad es común a la empresa y el profesional y así también el beneficio.
El buen trabajador no es ya tanto el trabajador fiel como el trabajador flexible que es y se sabe responsable de su carrera, conocedor de sus capacidades, con capacidad de riesgo y dependiente cada vez menos de factores externos y más de su empleabilidad.
